Ataque cardíaco en Madagascar




La ambulancia aérea, que aquí se puede ver esperando en el aeropuerto, tenía una tripulación conformada por dos pilotos y dos médicos. Volaron desde Johannesburgo, Sudáfrica, hasta el norte de Madagascar vía Mozambique.


Durante las últimas cuatro décadas he realizado viajes de buceo y snorkeling como divemaster a todos los océanos importantes del mundo. Veinticinco años atrás fui cofundador de Zegrahm Expeditions, una empresa líder en viajes de aventura a las islas más remotas del planeta. El objetivo de nuestro trabajo ha sido ayudar a los exploradores a experimentar el mundo completamente en lugar de simplemente recorrerlo. Como el objeto de garantizar que los turistas tengan acceso a la mejor atención, siempre hemos solicitado a los buzos que tengan un seguro contra accidentes de buceo de DAN®. Antes de mi viaje a Madagascar, esto para mí se trataba de una precaución abstracta.

El año pasado, antes de una expedición por el Pacífico oriental tropical, fui a la sala de emergencias cerca de mi casa en Cayo Largo, Florida, donde me quejé de un dolor en el pecho. Me controlaron durante dos días pero no encontraron irregularidades en el electrocardiograma (ECG) ni en los análisis de sangre que me realizaron. Me dieron el alta con la idea de que mi problema podría ser simplemente un caso de acidez estomacal.

No obstante, antes de una expedición reciente en el océano Índico occidental, la historia tuvo un desenlace diferente. Se me diagnosticó un infarto agudo de miocardio, un ataque cardíaco. De más está decir que quedé azorado. El cambio en mi diagnóstico de acidez estomacal a ataque cardíaco se confirmó cuando volé a las Seychelles para abordar un pequeño barco de expedición a fin de realizar un viaje por los remotos atolones del sur de las Seychelles hasta Zanzíbar y las islas Comoras. Al sentir nuevamente un dolor en el pecho acudí al médico del barco, que esta vez descubrió una irregularidad en mi ECG.


Grove es fotografiado con algunos de los miembros del personal de la clínica que los ayudaron durante su horrible experiencia.
El médico me envió a una clínica, una muy moderna, en Antsiranana (anteriormente conocida como Diego Suarez), una ciudad portuaria situada en la punta norte de Madagascar. Allí un médico determinó que el nivel de troponina en mi sangre era elevado, lo que confirmó que mi corazón estaba en peligro y que ya estaba teniendo un ataque cardíaco. Me costaba creerlo porque la molestia era mínima. Mis expectativas de lo que era un ataque cardíaco se vieron afectadas, y fue entonces cuando me comuniqué con DAN. Antes de llamar a familiares y amigos, fue la primera llamada telefónica que hice. En ese momento me di cuenta del valor del seguro de DAN.

El asesor médico principal me habló y me pidió detalles acerca de lo que estaba sucediendo y qué era lo que necesitaba. No dudó en sugerir una evacuación. Como sabía el costo en que DAN incurriría para cubrir la evacuación de emergencia en ambulancia aérea desde Madagascar hasta Johannesburgo, Sudáfrica, de inmediato quedé profundamente impresionado.


Cuando Grove abandonó la clínica en Madagascar, no se le quitaron los catéteres de su mano derecha para usarlos durante el vuelo a Johannesburgo.
La evacuación que DAN organizó y cubrió tuvo un costo de aproximadamente 17.000 dólares estadounidenses. La cobertura de ayuda en evacuaciones es un beneficio de los miembros de DAN, por lo tanto en ningún momento se esperó que pagara. Para poner en perspectiva lo que DAN hizo por mí, mi otro seguro médico no cubriría ningún gasto médico hasta que pudiera presentar los recibos correspondientes. Eso significaba que debía usar mi tarjeta de crédito y enviar los recibos cuando regresara a los Estados Unidos. La factura total del hospital, que tenía que pagar de mi bolsillo, era de 70.000 dólares estadounidenses. Cuando estudié cuál hubiera sido el costo de los servicios médicos que recibí aquí en los Estados Unidos, comprobé que hubiera rondado el medio millón de dólares. De verdad me siento muy afortunado.

Lo que resultaba más riesgoso era el hecho de que mi aseguradora de salud principal no cubría la evacuación. DAN lo hizo de inmediato y sin exigirme que cubriera los gastos. Si hubiera sufrido el ataque cardíaco durante un buceo, DAN también hubiera proporcionado una cobertura médica secundaria hasta los límites de la póliza y hubiera pagado el 100 por ciento de los gastos subvencionales.

Lo que más me impresionó de DAN fue que cada persona con la que me comuniqué realmente se interesó en mi bienestar. Esta fue la primera vez que tuve la necesidad de usar la ayuda médica de emergencia, y poder oír compasión así como también profesionalismo en la voz del especialista médico con el que hablé en primer lugar fue reconfortante.


Grove con algunos de los miembros del personal de la ambulancia.
En un plazo de dos días una ambulancia llegó a Madagascar. Era un avión privado con dos pilotos y dos profesionales de la medicina. La distancia de Johannesburgo a Antsiranana es considerable, por lo que estoy agradecido de que estaba en buenas manos en la clínica y que DAN me envió el avión lo más rápido posible. Primero me trasladaron en ambulancia por tierra desde la clínica hasta el diminuto aeropuerto desde donde despegamos en dirección a Sudáfrica. Aterrizamos brevemente en Mozambique para cargar combustible y luego continuamos por otras dos horas hacia Johannesburgo. Unos días más tarde me hicieron un cuádruple bypass.

Estoy escribiendo no sólo para agradecerle a Divers Alert Network por prestar un servicio increíble y de manera oportuna, sino también para expresar mi sincero agradecimiento por la compasión y la amabilidad con la que me trataron durante toda esta dura experiencia. El valor del interés humano no se puede destacar lo suficiente. Pasaron cinco semanas hasta que las autoridades de la línea aérea me permitieran volar de regreso a los Estados Unidos y durante ese tiempo recibí una gran cantidad de llamadas de miembros del personal de DAN que me preguntaban cómo me encontraba. Las personas que hablaban por teléfono conmigo no llamaban sólo porque era su trabajo; la preocupación y la humanidad que había en sus voces se manifestaban claramente.

Muchas gracias, DAN; me salvaron la vida.

© Alert Diver — 3er Trimestre 2015