Arrecifes de los Estados Unidos

La próxima generación


Esta foto aérea muestra las formaciones de coral de estímulo y surco de Molasses Reef.
"En cuanto crucemos Jewfish Creek las cosas cambiarán", me dije en parte a mí mismo y en parte a Quinn, mi nieto de 13 años, que tenía la cara contra la ventana del auto. Él miraba hacia el oeste, y bebía en un canal bordeado de mangles que conducía a Florida Bay a medida que nos acercábamos a la parte superior del puente que cruzaba Jewfish Creek, el primero y uno de los más altos de los 42 puentes que abarcan la extensión de 204 km (127 millas) de la Ruta 1 de los Estados Unidos que también se conoce como Overseas Highway (Autopista de ultramar). La histórica carretera marítima que estábamos a punto de explorar conecta 37 islas de los Cayos de la Florida antes de finalmente dejar todas las islas atrás para establecer una conexión con Cayo Hueso.

"Tu abuelo tiene razón; los Cayos tienen una manera de lograr que las personas se relajen", afirmó Anna (Nana) desde el asiento trasero, con la cara también contra el vidrio.

"Agárrate fuerte", agregó mientras nuestro hatchback llegaba a la cima y se desplazaba en punto muerto por la pendiente con dirección a Cayo Largo. "Esto va a ser divertido".

Menos de cuatro horas más tarde los tres nos desplazábamos por el mar camino a Molasses Reef. Anna y yo hemos practicado buceo durante más de 60 años y hemos realizado miles de buceos, muchos de ellos en los Cayos de la Florida, a menudo en Molasses. Esta era la primera experiencia de Quinn, y estaba muy entusiasmado; y no era para menos.


Arrecifes periféricos constituyen el hábitat de diversos peces, incluidos peces cerdo.
Molasses Reef se encontraba a 45 minutos en barco de nuestro centro turístico situado en la bahía (en el lado oeste) de la larga y estrecha isla conocida como Cayo Largo. Nuestro barco, con aproximadamente una docena de buzos a bordo, bajó la velocidad para ingresar a un canal flanqueado por casas que había sido excavado en la piedra caliza de la isla años atrás cuando era posible hacer ese tipo de cosas. Al abandonar el canal, cruzamos una laguna a gran velocidad antes de volver a reducir la marcha una vez más para atravesar un tramo de curvas a través de un bosque de mangles. Luego llegamos al mar abierto rumbo al arrecife más alejado, una fortaleza de coral situada en paralelo con el largo arco de 1.700 islas bajas de piedra caliza conocidas como los Cayos de la Florida, que son los restos de un antiguo arrecife.

La línea del arrecife hacia la que nos dirigíamos es el arrecife de coral más largo del territorio continental de los Estados Unidos, un área desierta que sobrevive en el margen norte del lugar donde pueden desarrollarse arrecifes de coral. Sin embargo, el arrecife es inmenso. Si la estructura no estuviera interrumpida en diferentes puntos hacia el sur sería la cuarta barrera arrecifal más grande de la Tierra. Tenemos suerte de tener este tesoro a nuestro alcance. Al igual que Yosemite, el Gran Cañón y el Sendero de los Apalaches, es nuestro patrimonio, es parte de quiénes somos. No podía pensar en un mejor lugar que los arrecifes de los Estados Unidos para que Quinn hiciera sus primeros buceos en el mar.

Anna y yo estábamos en una misión muy importante para nosotros: estábamos introduciendo a nuestro nieto en el buceo. Él y dos primos habían obtenido su certificación cuatro meses atrás. La formación de los niños era excelente, pero los buceos de certificación se llevaban a cabo en una cuenca de la Florida, algo que era bastante diferente a dar una gran zancada desde una embarcación al mar abierto. Anna y yo acordamos que sus primeros buceos en un arrecife debían ser con un instructor. Poco tiempo después del 4 de julio, los tres emprendimos un viaje por carretera de dos semanas a los Cayos de la Florida, un clásico destino tropical reconocido por sus excelentes operadores de buceo, aguas con presencia de peces y diversión.
El Benwood y la lista
El tiempo que Quinn pasó con un instructor hizo maravillas. Dos días después de llegar estaba relajado, tranquilo y listo para la aventura; y eso era exactamente lo que viviría en Benwood. Este naufragio de la Segunda Guerra Mundial, que se ha convertido en una masa enmarañada después de pasar medio siglo bajo las olas, se ha transformado en un imán de vida marina. Cuando llegamos, el naufragio estaba rodeado de peces que se alimentaban de una gran bola de pejerreyes que intentaban esconderse dentro de la proa. Había depredadores por todos lados, gordos, felices y que se divertían a su gusto con los miles de pececillos que serían su alimento. Al menos dos docenas de meros negros merodeaban en las sombras, y les tendían una emboscada a los pececillos desde abajo mientras carboneros y jureles de Castilla atacaban desde arriba. El frenesí agitaba todo alrededor, incluso había morenas verdes que nadaban en el mar abierto. Cuando finalmente volví a subir a bordo, Anna y Quinn aún hablaban sobre su aventura.


Un pargo de cola amarilla se alimenta de miles de pececillos en la proa del Benwood.

"Cuéntale a Papa lo que viste, Quinn".

"Una mantarraya", dijo con una sonrisa grande como el Benwood.

¿Dónde? Pregunté, no muy convencido de que realmente hubiera hecho un avistamiento tan raro.

"Cerca de la proa, no muy lejos de donde tú estabas fotografiando a los pececillos". contestó Quinn. "Se la señalé a mi instructor y a la señora que estaba con nosotros; ellos también la vieron".

"¿Puedes creerlo?". Ana agregó mientras cambiaba los tanques. "Ese es un pez impresionante para que agregues a tu lista".

Para ayudar a Quinn a familiarizarse con la vida salvaje, le sugerimos que escribiera los nombres de las especies de peces que viera durante el viaje. Con la matarraya, agregó seis nuevos nombres a la lista en el Benwood, incluidas las morenas verdes, el tarpón y, desde luego, el grupo de meros negros bien alimentados. También habíamos programado varias visitas a la costa durante nuestra estadía para conocer otras facetas del mundo submarino y para familiarizarnos con lo que se está haciendo para proteger a las criaturas marinas y el entorno.
Un hotel bajo el agua

Un mero moteado agarra a una doncella mulata en Mike’s Wreck cerca de Cayo Largo.
Esa tarde llegamos a un área de estacionamiento junto a una laguna rodeada de mangles, el hogar de Jules' Undersea Lodge, para realizar un recorrido en el único hotel submarino del mundo. El hábitat sumergido, con espacio para alojar a seis "aquanautas", inició sus operaciones a principios de la década de 1970 sobre una plataforma de arena cerca de Puerto Rico, donde funcionó como uno de los primeros laboratorios de investigación submarinos. Quinn y yo nos colocamos tanques y nos desplazamos por una ruta de circuitos a través de la laguna. Llegamos tarde, acechados por un contingente de peces de aguas superficiales, pero agregamos cinco especies más a la lista.

Durante décadas he oído hablar sobre las proezas de los aquanautas que viven bajo el mar, a veces durante varios meses. Incluso con todo lo que he leído no tenía conciencia de la intriga que suponía hasta que me asomé a través de la piscina de la luna ("moon pool") hacia el interior de la habitación húmeda del hábitat. Ésta y las tres habitaciones anexas, que no se inundan gracias a un flujo constante de aire comprimido, son austeras pero están bien equipadas. El espacio está dominado por un par de ventanas de 107 cm (42 pulgadas) con un cálido resplandor de color amarillo verdoso y vistas de los peces que pasan por allí.
Un puente de once kilómetros
A la mañana siguiente dejamos Cayo Largo temprano para realizar un viaje en auto de 124 km (77 millas) a Big Pine Key, el hogar de Looe Key Reef y un lugar glorioso donde bucear. Durante nuestro viaje en auto durante dos horas recorrimos gran parte de la autopista Overseas Highway, un destino por derecho propio. Al comienzo, a lo largo de los Cayos inferiores, el mar no podía verse por ninguna parte, pero a medida que seguimos avanzando hacia el sudoeste los puentes que separan el Atlántico de Florida Bay se hacían cada vez más extensos hasta que poco tiempo después estábamos rodeados de agua. Un puente tras otro cruzaban un agradable mundo de color azul con abundantes embarcaciones e islas. Cuando llegamos al famoso Seven-Mile Bridge, un puente de once km (7 millas) de longitud situado en el extremo sur de Marathon, era fácil creer que la superficie de la Tierra realmente está compuesta de siete décimas partes de agua.

El puente Seven-Mile Bridge se extiende en paralelo a un antiguo puente ferroviario, un remanente de la primera conexión terrestre entre tierra firme y Cayo Hueso. La extensión marítima del ferrocarril de la costa este de la Florida, apodado "Flagler's Folly" en honor al magnate Henry Flagler, que por sí solo financió la desafortunada empresa, instaló sus primeras vías en 1905. Los trenes recorrieron la línea, que se completó en 1912, durante 22 infructíferos años antes de recibir un golpe decisivo del Huracán del Día del Trabajo de 1935. Sin ningún deseo de reconstruirlo, lo que quedó del ferrocarril se vendió al estado. Después de un breve período de pensamiento creativo, se construyó una carretera de asfalto de dos carriles sobre los caballetes de ferrocarril existentes a 4,5 metros (15 pies) sobre las antiguas vías, lo que permitía a los automóviles llegar directamente a Cayo Hueso por primera vez.


Ciervos de los cayos de alimentan en Big Pine Key.
Llegamos a Big Pine Key, la entrada a los Cayos menores que se encuentra a sólo 35 km (22 millas) de Cayo Hueso, a las 7 de la mañana, demasiado temprano como para registrarnos en la tienda de buceo, por lo que fuimos a cazar ciervos, ciervos de los cayos para ser exactos, la versión en miniatura de los ciervos de cola blanca, no mucho más grande que un setter irlandés, que se encuentran en las islas. Nos guiamos por el GPS de Anna y llegamos a un cruce suburbano donde se ha informado se reúnen estas criaturas. Y en efecto vimos tres ciervas y un cervatillo que mordisqueaban el pasto junto a la carretera. Quinn bajó su ventanilla y tomó una fotografía.

El arrecife de estímulo y surco de alto perfil dentro del Santuario Nacional Marino de Looe Key (Looe Key National Marine Sanctuary) ha sido durante mucho tiempo uno de mis puntos de buceo favoritos. Aunque pescar está permitido, el uso de trampas de alambre, la pesca con anzuelo y la recolección de peces han estado prohibidos durante tres décadas, lo que permitió que se observara un gran crecimiento de la vida marina. Casi antes de que las burbujas desaparecieran Quinn se convirtió en parte de un banco de peces loro que pasaba bajo el barco. Un amigable pez ángel mordisqueaba las burbujas que estaban sobre su cabeza mientras él se arrodillaba en la arena. Tras una curva vio un tiburón de arrecife a lo lejos; nadó tras él para verlo mejor, lo que era un buen signo. Pero lo que era aún más sorprendente, un mero guasa de 1,5 metros (5 pies) y 204 kg (450 libras) pasó lentamente, un beneficiario de la legislación de 1990 que protege a la especie. Un encuentro con un pez tan grande hubiera sido algo inaudito cuatro décadas atrás cuando realicé mi primer buceo en los Cayos.


Un mero guasa del arrecife Looe Key se pavonea con un séquito de carboneros.


Cayo Hueso y el Vandenberg
A media mañana llegamos a Cayo Hueso y nos detuvimos en el nuevo Florida Keys Eco-Discovery Center. El centro educativo de última generación ofrece una oportunidad de aprender sobre la vida salvaje, los habitantes y los esfuerzos de conservación del área, un mensaje que queremos que Quinn escuche. En primer lugar aprendimos sobre el Santuario Nacional Marino de los Cayos de la Florida (Florida Keys National Marine Sanctuary; FKNMS), que es uno de los 14 parques submarinos administrados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration; NOAA). El FKNMS, establecido en 1992, abarca casi 10.360 km2 (4.000 millas cuadradas) desde el sur de Miami hasta Dry Tortugas (113 km [70 millas] adicionales por mar desde Cayo Hueso). Dos reservas que se establecieron anteriormente, el Santuario Nacional Marino de los Cayos de la Florida y el Santuario Nacional Marino de Looe Key, fueron rodeados por el FKNMS, de mayor tamaño y con una mayor fortaleza.

En la actualidad, al bucear en Cayo Hueso es casi obligatorio incluir una visita al USS Vandenberg, un buque rastreador de misiles de 159 metros (523 pies) que actualmente se eleva 10 pisos sobre un fondo de roca de 43 metros (140 pies) a siete millas hacia el sur de Cayo Hueso. Desde su implementación como un arrecife artificial en 2009, el inmenso buque ha atraído a decenas de miles de buzos y peces. Con su nueva certificación avanzada y después de bucear con un instructor, Quinn tenía permitido explorar la superestructura de la embarcación que se eleva a unos 15 metros (50 pies) de la superficie. Nuestra única preocupación era la corriente, que de vez en cuando mueve al Vandenberg con gran fuerza.


Quinn nada sobre una de las dos antenas de radar gigantes del Vandenberg.


La suerte de Quinn no se agotaba. La mañana que llegamos al lugar junto con un grupo de inspectores pesqueros voluntarios de Reef Environmental Education Foundation (REEF), pequeñas olas apenas removían el cabo de amarre y la visibilidad rondaba los 24 metros (80 pies). El Vandenberg parecía no terminar nunca, incluso después de un paseo de 20 minutos desde donde se observaban antenas de radar hasta pilas, pies de anclaje y mástiles con puestos de vigía sólo pudimos asimilar la mitad de las atracciones. Además, una inmensa bandera de los Estados Unidos de 9 por 12 metros (30 por 40 pies) fue colocada en el soporte de la antena delantera el 4 de julio. La bandera normalmente se mueve con las corrientes, pero en ese momento con la calma que había caía ondulante con pliegues de color rojo, blanco y azul.

Ver a los observadores de peces en acción hacía que la idea de identificación de peces fuera algo aún más atractivo. El grupo de inspectores integrado por personal, pasantes y voluntarios estaba supervisando el Vandenberg como parte de un censo de poblaciones de peces de varios años. Los voluntarios de REEF también estaban estudiando a los invasivos peces león y las agregaciones de desove. Quinn estaba asimilando todo esto.


Un malabarista ofrece entretenimiento durante la noche en Mallory Square en Cayo Hueso.
Un viaje a Cayo Hueso no estaría completo sin experimentar un poco de la vida nocturna, aunque algunos aspectos de ella eran demasiado intensos para nuestro nieto. Cuando crezca le sugeriremos que visite el lugar en Halloween y que disfrute de Fantasy Fest, una fiesta como ninguna otra. Por ahora, después de una cena temprano, paseamos por Mallory Square y Duval Street donde Cayo Hueso y Margaritaville se fusionan para dar lugar a una de las ciudades de fiesta continua favoritas del mundo. Pero después de un largo día en el agua y con dos buceos programados para la mañana siguiente, nos fuimos temprano y emprendimos el regreso al hotel para descansar.


La famosa vida nocturna de Cayo Hueso en su punto máximo en Duval Street.


Una aventura maratónica
Después de los buceos matutinos empacamos todo y condujimos 80 km (50 millas) de regreso por la autopista hacia Marathon. Al abandonar Cayo Hueso, la lista de especies de Quinn tenía 75 nombres, en gran parte gracias a los inspectores pesqueros. Cuando ingresó al agua en Pillar Patch cerca de Marathon, no podía pensar en otra cosa que no fueran peces. Con la ayuda de una guía sobre peces, durante los cuatro buceos siguientes agregó 20 especies más, lo que sorprendentemente lo acercó al objetivo del viaje de alcanzar las 100 especies.

Por

Quinn y Anna alimentan a peces en el tanque en Florida Keys Aquarium Encounters en Marathon.
la tarde volvimos a ingresar al agua, pero esa vez lo hicimos en un enorme acuario en Florida Keys Aquarium Encounters, el nuevo parque de aventuras de vida marina de Marathon. Se trata de un operador bastante importante, que ofrece encuentros de alimentación de rayas y senderos para la práctica de snorkeling pero el punto máximo para nosotros fue cuando Quinn y Anna ingresaron al tanque de exhibición principal para alimentar a los peces con dispensadores de plástico. Con la primera expulsión de alimento, ambos desaparecieron detrás de una nube de rayas jaspeadas, peces jorobados, pargos, boquinetes y peces loro. Era realmente divertido.

A la mañana siguiente de regreso en el arrecife, Quinn necesitaba cinco peces para alcanzar su meta, por lo que Anna y yo lo llevamos a los bancos y le mostramos cómo acercarse sigilosamente a los moradores de la arena. No pasó mucho tiempo hasta que Anna señaló al que se convirtió en el número 100: un pez de color blanco fantasmal que merodeaba sobre su madriguera. Garabateó "gobio Seminole" en su tabla con un gran "100" al costado. Pero los acontecimientos aún no habían llegado a su fin. Mientras le mostraba a Quinn lo ojos de una caracola, pude ver a un pequeño pez que se movía velozmente dentro del espiral de la concha. Era mi turno de celebrar: se trataba de un cardenal del cobo, una especie que había estado buscando durante 40 años.


Una cría de tortuga boba rescatada al cuidado de The Turtle Hospital (El Hospital de las Tortugas) en Marathon.
Después de tomar una siesta, nos pusimos unas chancletas y unos pantalones cortos y nos dirigimos a The Turtle Hospital, un antiguo motel familiar que se convirtió en hospital y centro de rescate. Las atracciones principales de las instalaciones se encuentran en grandes cuencas azules detrás de la bahía donde los visitantes pueden encontrarse con pacientes en recuperación y oír sus historias. Las tortugas que nadaban por las piletas de agua cristalina tenían todo tipo de males: algunas habían sido golpeadas por barcos, otras se recuperaban de una cirugía para la extracción de algún tumor o habían sido encontradas enredadas en redes. Una pequeña tortuga laúd, con su saco vitelino aún adherido, había sido rescatada recientemente de un puerto en la bahía donde había encallado en la costa. Sería alimentada hasta que estuviera estable y luego se la llevaría unos 50 km (30 millas) mar adentro donde sería liberada en sargazo flotante. La visita nos dejó con una buena sensación sobre las tortugas y las personas.

Nuestra siguiente parada fue Tavernier, una pequeña comunidad al sur de Cayo Largo. Allí, los arrecifes están más cerca de la costa y las salientes están repletas de peces roncadores y pargos. Quinn se desenvolvía maravillosamente; estaba relajado, entusiasmado y disfrutando de la vida en general. Para rematar un excelente día en el agua, un manatí del tamaño de una vaca se deleitaba con un banquete de algas cerca de la plataforma de buceo mientras descargábamos equipo en el muelle.


Peces roncadores de rayas azules hacinados debajo de una saliente del arrecife cerca de Tavernier.


Un poco de historia
El History of Diving Museum (Museo de la Historia del Buceo) en Islamorada debería ser un lugar de peregrinaje para todos aquellos que aman el buceo. Definitivamente fue un acierto con Quinn, que se probó botas de 9 kg (20 libras), operó una antigua bomba de aire hasta que reventó un globo, se puso media docena de cascos, intentó levantar una barra plateada que había sido extraída de un galeón español y, durante el proceso, aprendió mucho sobre el deporte en el que apenas se estaba iniciando.

La

Antiguos cascos de buceo en exhibición en el History of Diving Museum en Islamorada.
historia moderna de la exploración bajo el agua comenzó en 1691 con el astrónomo y erudito británico Edmond Halley cuando inventó el primer casco de buceo. Durante los 250 años siguientes, su idea del casco de libre desplazamiento dominó la tecnología submarina. Esta parte de la historia del buceo está contada a partir de la magnífica colección de cascos de los fundadores del museo, Joe y Sally Bauer. Los cascos que pueden verse en la pared de objetos internacionales son tanto obras de arte como piezas de tecnología. Pero los cascos son sólo el comienzo. Cada espacio nos embarcaba en una nueva aventura, desde búsquedas de tesoros hasta el buceo comercial y el surgimiento del buceo y la fotografía submarina. Como es de esperar en un lugar tan fascinante, incluso el capitán Nemo y su fantasía de vivir bajo el mar tienen un lugar de honor. Las dos horas que pensábamos pasar allí se convirtieron en cuatro, y aún no estábamos listos para irnos.
Un regalo para el mar
Desde que Quinn oyó hablar sobre la plantación de coral quedó embelesado con la idea. Como un jardinero por derecho propio y un individuo con un objetivo por naturaleza, la posibilidad de trasplantar coral era algo ideal para él, por lo que Anna y yo organizamos un día en el agua con nuestros amigos Ken y Denise Nedimyer, fundadores de Coral Restoration Foundation (CRF).

Diez años atrás, la idea de construir arrecifes de coral de forma manual resultaba tan absurda como los viajes bajo el mar del capitán Nemo. Eso fue antes de que Ken, un productor de roca viva para el comercio de acuarios, comenzara a cultivar coral cuerno de ciervo, un coral de crecimiento rápido que alguna vez cubrió las crestas de los arrecifes de todo el Caribe. A lo largo de las últimas décadas, esta especie que alguna vez fue prolífica se extinguió en todo el oeste del Atlántico por varios motivos; Ken y otras personas vieron con consternación cómo los jardines de coral cuerno de ciervo de los Cayos iban desapareciendo.

Hace algunos años, larvas de coral cuerno de ciervo se asentaron en masa en el criadero de roca viva de Ken. Por ley, nadie puede vender coral legalmente, por lo que al principio Ken simplemente vigilaba a los pequeños huérfanos y observaba su crecimiento ininterrumpido. Por curiosidad, comenzó a recortar segmentos y a sujetarlos a bloques. Y, para sorpresa de todos, los esquejes crecieron como la maleza. Él siguió innovando hasta que el coral dominó su criadero. ¿Qué se debe hacer?

El FKNMS tenía conocimiento del éxito inicial de Ken y pensaron que no tenían nada que perder, por lo que emitieron un permiso para permitirle trasplantar sus corales de producción propia a los arrecifes más alejados. Sus arrecifes crecieron con fuerza y el permiso se extendió aún más. A continuación, Ken y Denise comenzaron a pensar en grande. Pero al igual que muchas grandes ideas, ésta requería tiempo, dinero y mano de obra. Aquí es donde entra Quinn. Buzos voluntarios han ayudado a mantener el criadero, han trasplantado parches de coral por todos los Cayos y recientemente han construido nuevos criaderos en Colombia y Bonaire. En la actualidad, Ken, Denise y CRF sueñan con nada menos que el resembrado de la totalidad de la cuenca del Caribe (consulte "La restauración de coral se expande a nivel internacional").

Denise Nedimeyer le muestra a Quinn cómo propagar coral cuerno de ciervo en el criadero de Coral Restoration Foundation cerca de Tavernier.


"¿Funcionará?", le pregunté a Ken mientras su embarcación de trabajo de casco abierto se desplazaba al ras de las olas hacia el área del criadero.

"Somos como Lad Akins y REEF, que están combatiendo la invasión de peces león", respondió. "A los escépticos les encanta recordarnos que estamos perdiendo el tiempo. Ellos dicen: 'nunca podrán deshacerse de los peces león; nunca podrán reconstruir los arrecifes, es un trabajo demasiado grande'".

Levantó un poco la voz para que pudiéramos oírlo por encima del ruido del motor. "De una cosa estoy seguro: independientemente del resultado, volcar nuestros esfuerzos a esa tarea es mucho mejor que no hacer nada".

Navegar por el criadero es como nadar a través de una cacharrería. Por lo que se podía ver, miles de fragmentos de coral colgaban como campanillas de viento de árboles de PVC sostenidos en lo alto por flotadores. Quinn se desplazaba por el laberinto como un pez y merodeaba como una nube mientras raspaba algas de los andamios de plástico. Cuando terminó, se arrodilló junto a Denise y miraba como ella demostraba la forma de romper y colocar cordel a trozos de coral para que colgaran libres en las corrientes.


Peces ángel azules.
Después de sujetar los fragmentos, Ken y Quinn separaron cuatro grupos maduros de 30 cm (12 pulgadas) de una rama, los colocaron en paneras de plástico y subieron a la embarcación para dirigirse a Snapper Ledge, donde el trabajo y la diversión continuarían. La pareja de buzos estuvo enmasillando fragmentos en dos metros cuadrados de roca de arrecife durante la totalidad del segundo buceo. Cerca de donde estaban trabajando, una saludable cresta de 60 cm (2 pies) de alto de coral cuerno de ciervo que se había plantado anteriormente serpenteaba a lo largo de la saliente. En mi opinión, los corales de Ken son lo mejor que le ha sucedido a esta sección del arrecife. Sin embargo, al norte y en una extensa área de escombros se encuentra el punto de buceo más conocido como Snapper Ledge, tremendamente abarrotado de peces roncadores de rayas azules, peces gruñidores amarillos y salmonetes. Por algún motivo, en esta saliente de bajo perfil se observan muchos más peces que en otras estructuras arrecifales similares situadas en la región cercana y esto es en función de la mayor protección que confiere la designación de un área marina protegida. Eso es parte de la genialidad del FKNMS; existen zonas designadas con niveles muy específicos de protección que esperan brindar satisfacción a las diversas partes interesadas, ya sea se trate de pescadores con anzuelo y sedal, pescadores submarinos o simples observadores y fotógrafos submarinos como nosotros.

Ya sin su equipo y rebosante de confianza, Quinn tomó el timón y nos llevó de regreso a la costa. Después de todo el trabajo del día agregó los dos últimos peces a su lista, los números 125 y 126.

Ante nuestros ojos, Quinn se había convertido en un buzo, pero la segunda parte de la ecuación era igualmente gratificante. Él reconoce que el extraño mundo nuevo del que acaba de enamorarse necesita su ayuda. El mar es nuestro regalo para Quinn, y Quinn es nuestro regalo para el mar.
Explore más
Galería de fotos de los Cayos de la Florida

© Alert Diver — 4to Trimestre 2014